154 - Semblanza de intendentes pioneros


Semblanza de intendentes pioneros,

de los primeros gobiernos

 Reunión de gabinete, 8 de diciembre de 1987 (informe anexo)

 

Incompleta, seguramente, pero a manera de homenaje

Teorinda Tina Barrera – intendente de El Huecú

 Nativa de El Huecú, emigró con toda su familia del terruño, en el éxodo obligado por la pobreza y aislamiento del norte neuquino.

 Colaboró en Cutral Có, desde sus inicios, en la formación del Movimiento Popular Neuquino y regresó a sus pagos en el año 1963, como intendente de El Huecú. Fue cuatro veces reelegida, y sigue siendo intendente.

 Transformó a su pueblo de un paraje decadente, en una población pujante, que irradia su progreso a toda la zona rural del departamento Ñorquín.

 Es símbolo y ejemplo del temple de la mujer neuquina que, con coraje, sabe brindarle grandeza a su pueblo y bienestar a sus pobladores. Admiro su temple.

Rogelio Figueroa – intendente de Huinganco

 Sencillo y campechano. Generador y ejecutor de ideas y proyectos que revolucionaron la economía de subsistencia del arcaico sistema de los crianceros pequeños, provocando un floreciente desarrollo, que es ejemplo para mostrar e imitar, con la forestación comunal, la piscicultura con modernas instalaciones, la fábrica de dulces regionales, aserraderos, viveros, huertas, minería. Intendente desde 1964, es el forjador del milagro ecológico que luce esta hermosa aldea de montaña, al pie de la Cordillera del Viento.

Antonio “Tuco” Creide – intendente de San Martín de los Andes

 Bohemio, con agudo sentido del humor, derrochaba simpatía, optimismo y alegría a su alrededor.

 Su gestión municipal marcó el cambio de San Martín de los Andes. De un turismo con base única en el legendario hotel Lácar de los Weber y una economía basada en la inci­piente explotación maderera, siempre trabada por Parques Nacionales, puso los cimientos para concretar el centro turístico más importante de Neuquén y de primer orden en el país.

 Su empuje y acción lograron el primer medio de elevación de Chapelco, la pavimentación urbana, el aeropuerto, el camino pavimentado Zapala-San Martín, el camino a Hua Hum, el hotel casino, créditos hoteleros, etc.. Nunca lo olvidaremos.

Amado Sapag – intendente de Zapala (En varios períodos, desde 1952 hasta 1987).

 Alma mater de la transformación de Zapala, con fundamentales realizaciones, que la convirtieron en una pujante ciudad.

 Toda una manzana de edificios públicos, nacionales, provinciales y entre ellos, el palacio municipal y el imponente cine teatro, son su obra. También él es impulsor de la forestación, la pavimentación urbana, miles de viviendas, la rotonda de entrada con el alegórico carro de bueyes, símil del que viajaron su abuelo y sus padres, desde Covunco a Zapala. Integró la ciudad, el alto y el bajo, con la apertura de la avenida San Martín, a través de los terrenos ferroviarios, en una operación comando. Rescató parte de esos terrenos para convertir la calle en un centro comercial. Construyó el patio fiscal aduanero, con miras a la zona franca, con toda la infraestructura, para el futuro comercio internacional a través del aeropuerto, ferrocarril y rutas pavimentadas 22 y 40. Colaboró con la provincia, en obras delegadas, construyendo innumerables edificios escolares en la zona rural, a lo largo y ancho de Neuquén, con materiales de la zona, con rapidez y economía, erradicando escuelas ranchos y levantando nuevas escuelas nacionales y pro­vinciales. Impulsó el traslado de Neuquén a Zapala de Vialidad provincial y de la Subsecretaría de Asuntos Agrarios, facilitando la gestión para que dispusieran sus respectivas sedes propias.

 Su labor es ejemplo y guía para todos.

César Reguero – intendente de Plottier

 Apegado a la madre tierra, la cultivaba con cariño y la fuerza ancestral del que conoce que ella devuelve con creces el esfuerzo. Sus chacras fueron modelo de la colonia frutícola de Plottier. Fue fundador del Movimiento Popular Neuquino.

 Como intendente fue el artífice del cambio espectacular de Plottier. De un simple villorrio, la zona urbana se transformó en la hermosa y pujante ciudad que es hoy.

 Su bonhomía y sencillez, su vida ejemplar de buen vecino, perdurarán siempre en el recuerdo agradecido de su pueblo.

Rodolfo “Fito” Acuña – intendente de Chos Malal

 Intendente de Andacollo, tras su carrera docente. Fundador del Movimiento Popular Neuquino. Delegado del área de frontera norte. Su gestión como intendente de Chos Malal marcó el final de la decadencia de la antigua capital del Neuquén y el inicio del progreso y desarrollo que impulsó con la activa participación de la comunidad. Diputado provincial en 1963 fue el gestor y protagonista de la construcción del puente sobre el río Neuquén en Andacollo.

 Director del Banco de la Provincia del Neuquén en varios períodos de acción positiva, contribuyó al crecimiento de nuestra entidad bancaria, que hoy ocupa el quinto lugar en el “ranking” de los bancos provinciales de la nación.

Vicente Cónsoli – intendente de Centenario

 Impulsor solitario y tenaz en los inicios del Movimiento Popular Neuquino. Revirtió en Centenario una resistencia adversa del peronismo proscripto, hacia nuestra propuesta.

 Su gestión como intendente de Centenario fue eficaz y progresista. Logró para su ciudad el agua, las cloacas, escuelas, pavimentos urbanos, el estadio del Club Centenario y, con visionaria perspectiva del futuro, expandió la planta urbana hacia la planicie y creó el Barrio Sarmiento, trazando su planta urbana y dotándola de los servicios esenciales. Hoy ese barrio es el sector más importante de Centenario. Como buen empresario, fue excelente Director del Banco de la Provincia.

Roque Ibáñez – intendente de Buta Ranquil

 Presidente de la Comisión de Fomento en el 1963, Intendente municipal en 1973 de Buta Ranquil. En la época del territorio nacional fue concejal y juez de paz suplente. Aferrado a su tierra y al trabajo de su hotel, dedicó sus esfuerzos transformando el caserío de Buta Ranquil en un lindo pueblito recostado entre el volcán Tromen y el río Colorado.

 El edificio municipal, las escuelas de las chacras, el colegio secundario, la plaza, el campo de deportes y sobre todo la intensa forestación fueron sus desvelos.

 Su pueblo y todos los que nos honramos con su amistad nunca lo olvidaremos.

Doctor Gerardo Diby – intendente de Picún Leufú

 Conjuntamente con su esposa Nancy Ferrari de Diby, cumplió durante la década del 60 la atención médica del valle del Picún Leufú, desde el viejo hospital del pueblo de Picún Leufú, ahora inundado. En el nuevo pueblo de Picún Leufú el actual hospital lleva como homenaje el nombre de la doctora Nancy Ferrari de Diby.

 El doctor Diby fue Comisionado municipal designado en mayo de 1971, con la directiva de organizar y concretar con urgencia el traslado del antiguo pueblo y colonia de Picún Leufú a su nuevo y actual asentamiento.

 Realizó la tarea previa al traslado acompañado por los pobladores Eusebio Astigarraga, Miguel Angel Prunetti, Julio Venancio y Ramón Arias, integrantes de la Comisión Municipal.

 Abandonar el terruño, dejar las viejas casonas donde vivieron y nacieron ellos y sus hijos, abandonar sus cultivos, era un esfuerzo tremendo y desgarrador. Fue realizado con la solvencia, y con la delicadeza y firmeza que todos le reconocemos al doctor Diby y a sus concejales.

 En 1973, la Comisión de Fomento pasó a ser Municipalidad y, votados por el pueblo, asumieron el cargo el 25 de mayo de 1973 como Intendente el doctor Gerardo Diby, y como Concejales Eusebio Astigarraga, Carlos Vera, Sixto Figueroa y F. Zapata. Ellos cimentaron con su trabajo las bases de este pujante pueblo.

 La sencillez y capacidad de trabajo del doctor Diby, hombre de pocas palabras pero de grandes realizaciones, merece el reconocimiento y aprecio de todos los que, de una forma u otra, hemos recibido su generoso apoyo.

La familia Urrutia de Las Ovejas

 Don Raúl Urrutia, tronco de una familia pionera de la zona norte, acompañó al Movimiento Popular Neuquino desde su fundación y fue Presidente de la Comisión de Fomento de Las Ovejas en el año 1963. Las Ovejas a 40 kilómetros al norte de Andacollo era un paraje aislado con población campesina, dispersa, nucleada en viviendas precarias ubicadas lo más cerca posible de la escuela rancho donde se educaban sus hijos. El puesto policial estaba a 3 kilómetros de la escuela, el juzgado de paz alejado y distantes, dos comercios de ramos generales. No había centro sanitario ni los servicios indispensables.

 De esta realidad como punto de partida, la familia Urrutia, primero don Raúl, luego su hijo Alfredo, después su esposa Norma y luego Hernán, sucesivamente estuvieron al frente de la comuna y, con el apoyo de los pobladores, cimentaron la creación de la planta urbana de un hermoso y promisorio pueblo con los servicios de agua corriente y luz eléctrica. Así se construyó una nueva escuela primaria en el centro del pueblo y, años después, la escuela secundaria; también un hospital bien dotado, el edificio comunal y un salón comunitario. Se impulsó la ejecución de planes de vivienda, la construcción del aeropuerto, del nuevo camino a las lagunas Epulafquen, por la margen izquierda del río Nahueve, y de una excelente ruta, la 54, que vincula Las Ovejas con Invernada Vieja, Varvarco, Manzano Amargo y las Termas del Domuyo y, al sur, con Andacollo. Crearon además el vivero y le dieron impulso a la forestación que da trabajo a 200 pobladores en temporada.

 El cariño al terruño y el temple de pobladores de la montaña y la vocación de servicio, fueron el nervio motor de este grupo familiar, que ha sido protagonista del pro­greso de Las Ovejas.

Intendentes de Andacollo

 Andacollo, a principios de los años sesenta, era un caserío de viviendas precarias con tres o cuatro comercios y un modesto lugar de hospedaje. Quedaba aislado en el invierno durante largos meses por las copiosas nevadas en el paraje “El Llano” donde se cortaba el camino vinculante con Chos Malal y el resto de la provincia.

 Sólo tenía una escuela rancho, carecía de protección sanitaria, de servicios de agua corriente y de luz eléctrica.

 Había pasado el esplendor de los años treinta y cuarenta cuando el auge de la aventura y la fiebre del oro transformaron a Andacollo y su zona en un importante campamento minero con millares de pirquineros en busca de fortuna. Algunos la lograron pero la mayoría fracasó y Andacollo quedó reducida a una pequeña población aislada.

 Tiene una ubicación privilegiada, situada en un valle entre la cordillera de los Andes y la Cordillera del Viento. La planta urbana está asentada en una meseta rodeada por el río Neuquén.

 Sus pobladores, aferrados a su terruño, luchaban con heroísmo para mantenerse en una economía de subsistencia agropecuaria y pequeña minería. Por esos años se destacaba la personalidad avasallante en simpatía y hospitalidad de don Silvestre Coletti, generoso amigo, que acaudillaba el peronismo de esa zona. Su dicho famoso era “El Papa en Roma, Perón en Buenos Aires y Coletti en Andacollo”, expresado en medio de alegres reuniones de amigos. Lo seguimos recordando con nostalgia y sincero afecto.

 En el gobierno constitucional del año 1963 fue designado Presidente de la Comisión de Fomento de Andacollo, don Manuel Gutiérrez, antiguo y apreciado vecino, quien dio inicio a la transformación de Andacollo. Con el apoyo del diputado Rodolfo “Fito” Acuña, el batallón de ingenieros del ejército, tendió un gran puente sobre el río Neuquén que facilitó la comunicación con Las Ovejas, Varvarco, Manzano Amargo, Los Miches, y Guañacos. Durante su gestión se construyó una amplia escuela primaria para reemplazar la vieja escuela de adobe. Se construyó y habilitó el hospital zonal, con la valiosa colaboración del doctor Antonio Gorni cuyo nombre en homenaje lleva ahora el hospital de Andacollo. Se amplió y forestó la planta urbana. Se construyó la hostería que fue concesionada al Automóvil Club Argentino el cual instaló una estación de servicios para el expendio de combustibles. La acción de don Manuel Gutiérrez marcó el inicio del progreso de Andacollo. Los que nos honramos con su amistad y hombría de bien, le rendimos un justo homenaje.

 A partir de 1970, fue Orlando Garabelo, Intendente. Ejecutivo en su accionar, trabajador incansable, aceleró el progreso de esta hermosa población, con el regreso de muchos pobladores que habían emigrado, atraídos por nuevas fuentes de trabajo y viviendas dignas que se les brindaba a todos los pobladores. Urbanizó la plaza, estableció los servicios de luz eléctrica y agua corriente, alumbrado público con gas de mercurio. Construyó el nuevo edificio policial y amplió la sede municipal, forestación, planes de viviendas, entre ellas las de los pobladores desalojados de Guañacos, cuando regresaron a su tierra.

 El gobierno militar de 1976 lo encarceló injustamente. Vaya este recuerdo en reivindicación de este hombre de bien, honrado a carta cabal, por el que tenemos admiración y respeto.

Varvarco – Invernada Vieja

 Está situada en la confluencia del río Neuquén con el Atreuco. Antes de la conquista del desierto, era una próspera colonia agropecuaria. En 1879 el general Olascoaga al frente de la cuarta división ocupó la colonia Malvarco (así era designada) que habitaban alrededor de 900 pobladores con establecimientos agrícola-ganaderos; entre ellos, los más importantes eran el de Méndez Urrejola, chileno, y el del inglés Enrique Price, que poseían en conjunto quince mil vacunos, once mil ovejas y cabras y cuatro mil yeguarizos. Allí cultivaban unas 400 hectáreas de trigo y forrajeras. Aún se visualiza desde el aire la zona que estuvo bajo riego.

 Los mapuches alquilaban estos campos a pobladores de Chile.

 Con la ocupación militar se desbandó la población. El aislamiento de casi un siglo, sin comunicación con Chile y tampoco con el territorio nacional del Neuquén, determinó el éxodo. Quedaron sólo unos pocos pobladores diseminados.

 La provincia creó en 1964 la escuela primaria en Invernada Vieja, a pocos kilómetros de Varvarco, en la margen derecha del río Neuquén, que funcionó inicialmente en el local del comercio de don Orlando Garabelo y su primer director fue el joven docente Trafúl Cavilla. Los pobladores de Varvarco, en la margen izquierda del río Neuquén, encabezados por don Mario Acuña, propiciaron y colaboraron con la creación de la escuela de Varvarco que funcionó en la casa de un vecino.

 En el año 1970, los mismos vecinos con el liderazgo de Mario Acuña, a la par que se construía el puente con la valiosa colaboración del ejército a través del Batallón de Ingenieros, deslindaron la planta urbana. Se construyó entonces el edificio de la escuela, el centro sanitario, un destacamento de policía, el edificio municipal y varios planes de viviendas.

 Varvarco-Invernada Vieja se transformó en un cruce de nuevos caminos: al oeste, el camino a Manzano Amargo, donde se creó la escuela primaria, cuyo primer director fue Carlos “Chino” Sang, quien inició allí en un precario galpón, una fructífera y ejemplar trayectoria docente y política; al este, el camino a Butalón norte donde también se instaló una escuela; al norte, la ruta al misterioso volcán Domuyo de 4700 metros de altura. En esa ruta, en el trayecto hacia La Matancilla, se construyó una escuela con edificio propio, con instalación de panel solar que genera energía desde hace veinte años.

 Don Mario Acuña, con su humilde sencillez, capacidad de ejecución y de generosa solidaridad es un ejemplo digno de imitar.