143 – Las palabras y los hechos

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Las palabras y los hechos

 Elecciones generales en Neuquén

 

Por Jorge Gadano

 Es curioso. El candidato del Movimiento Popular Neuquino favorecido por encuestas y por pronósticos de diarios de Buenos Aires, hace del lema “hechos y no palabras” el principal de su campaña electoral, mientras vuelca sobre el electorado una abrumadora avalancha de palabras. La pregunta sería: ¿si están los hechos a la vista de todos, para qué nombrarlos?

 Es por demás obvio que una administración gobernante durante tres períodos constitucionales y uno de facto haya concretado muchas obras. Particularmente en esta provincia donde la relación entre ingreso y número de habitantes es, por las regalías, mucho más favorable que en otras como Catamarca o Chaco carentes de hidrocarburos.

 Con esos recursos y los del Fonavi se han construido, el dato es oficial, una 15.000 viviendas en el último período de gobierno, que llegaron a 20.000 si se adicionan las financiadas por el Banco Hipotecario Nacional. Las regalías pagan también el sistema de salud, el educativo y los sueldos de 26.000 agentes del Estado.

 Una sabia disposición constitucional obliga a dedicar los ingresos por regalías a la financiación del desarrollo productivo. El actual gobierno ha explicado que si cumpliera con esa norma no podría pagar los sueldos. Fundamenta así una sensibilidad social elogiable, pero deja en una insondable nebulosa el rol del Estado neuquino. Porque si los recursos que obtiene el Estado, de fuentes externas a la provincia, sólo le alcanzan para solventar abultados gastos, uno no puede menos que preguntarse para qué sirve. Sobre todo cuando no hay plata que alcance, como lo demuestra la insatisfacción de los gremios estatales, la rebeldía policial, que continúa, con el consiguiente deterioro de la autoridad, y las villas miseria que crecen en forma proporcional a las viviendas que se edifican.

 La letanía federalista contra los caños y los cables de alta tensión que se llevan las riquezas neuquinas hacia la pampa húmeda viene de antiguo. Como Jerusalén, Neuquén podría tener un muro de los lamentos para llorar nuestras desdichas. Pero lo cierto es que si de pronto cesaran los ingresos que producen los caños y los cables, habría que cerrar e irse.

 La construcción de FERTINEU demandaría unos 200 millones de dólares. A tres años de la promesa presidencial la obra sigue en agua de borrajas, pero decir que el fracaso es responsabilidad del gobierno nacional es una verdad a medias. El MPN también tiene una cuota que absorber, porque sus gobiernos han sido incapaces de promover una acumulación de capital, público y privado, para contribuir a la financiación del desarrollo en la petroquímica y en otros sectores de la economía. Ello sin contar con que uno de esos gobiernos, el de facto, vino a dar sustento político en la provincia al régimen militar que creó Hidronor y al hacerlo, borró la ley 16882 que preveía la inversión en la región de un 33 por ciento del producido por la venta de energía generada por el complejo Chocón-Cerros Colorados.

 El mismo Felipe Sapag ha dicho que la Capital neuquina es una vidriera que oculta un desierto. Toda un confesión. Contando el área que incluye a Centenario y Plottier, reúne a la mitad de la población de la provincia. ¿No es esa una deformación monstruosa que evidencia un fracaso?. ¿No es igualmente un fracaso que la prédica federalista no haya tenido el menor eco en 20 años?

El mito y la realidad

 Se ha construido una fantasía en torno a que Neuquén es una ínsula de prosperidad en un país empobrecido. No es necesario ir muy lejos para demostrar que esto no es así. Aun con su crisis a cuestas, la economía del Alto Valle rionegrino es mucho más sólida que la neuquina. La producción frutícola, generadora de un ingreso del orden de los 200 millones de dólares anuales, del cual se beneficia el floreciente comercio de la capital neuquina, es la mejor evidencia de cómo el esfuerzo del hombre, con el solo aporte del Estado para proveer agua y trasporte, ha podido crear la mayor riqueza regional que hasta hoy puede lucir la Patagonia. Contra eso Neuquén sólo puede exhibir una gran ciudad proveedora de servicios, donde cada vez más la delincuencia, la mendicidad y el cuentapropismo son el recurso de los que tienen casa, hospital y escuela, pero no encuentran empleo. Así el gobierno, que tuvo en Salvatori a su Ministro de Economía, estrenó su primer año de mandato constitucional con una huelga policial arreglada con parches y otra de los trabajadores de la construcción duramente reprimida por la policía y lo termina con una nueva huelga policial, apenas suplida gracias al amplio apoyo del tan criticado gobierno nacional.

 Es verdad que esta provincia podría haberse sustraído a los efectos más nocivos de la crisis que agobia al país. Hubiera bastado con movilizar los recursos del Estado y los del sector privado para el desarrollo de proyectos productivos. Pero se prefirió apuntar a la infraestructura a la espera de la inversión externa pública o privada, que no llegó. Mientras tanto la mayoría de las empresas crecieron alimentadas por el gasto público, adosadas a un Estado protector que estimuló el parasitismo y la avidez por la plata fácil.

 Y que no se diga que la culpa de que el dinero neuquino se vaya la tienen las sucursales bancarias privadas: una de ellas fue autorizada por el gobierno provincial a despecho de la ley neuquina de bancos y de una propagandística ordenanza del Consejo Deliberante, y es hoy el día en que un empresario emepenista está en la cárcel porque decidió recuperar a punta de pistola un cuantioso depósito a tasa libre confiado a esa sucursal.

 Hay que hablar, cuando proclamamos nuestro gran destino, del horrendo destino de los neuquinos que mueren en los ranchos incendiados. Porque las viviendas no alcanzan. No basta, tampoco, que se construyan nuevas escuelas cuando el sistema educativo afronta, perplejo, el enigma de la falta de empleo para los miles de jóvenes que arroja a un mercado laboral cada vez más estrecho y, lo que es aún peor, tocados por el irreductible fenómeno de la drogadicción. Y sí, el índice de mortalidad descendió al 26 por mil. Como en Chile. Pero esa medición llega al primer año de vida. Lo que no sabemos es qué ocurre después con los niños neuquinos. No tenemos cifras de desnutridos, mendigos, delincuentes, adictos, desertores de la escuela. Pero que los hay, los hay.

En el país de los ciegos

 Son hechos y palabras ausentes del discurso de un candidato de quien nos ocupamos en estos términos porque, digámoslo así, es el que está en el centro de la escena debido a que representa al partido mayoritario y cuenta con los mejores pronósticos para el seis de septiembre.

 En el orden de posibilidades que dan los antecedentes electorales y las encuestas, la Unión Cívica Radical es el principal rival. Uno de los temas preferidos, con mayor o menor énfasis, por los candidatos Rodolfo Quezada y Carlos Vidal es el de la criminalidad y la relación tangencial de resonantes crímenes y robos con el poder.

 En el clima de sospecha creado, mal que le pese al candidato oficialista, quien rehúsa polemizar al respecto so pretexto de que son agravios personales, familiares del extinto Oscar Calabró y del desaparecido Néstor Gutiérrez colocaron su infortunio, aunque la intención fuera otra, en el ojo de la tormenta política, mediante escritos que revelan los oficios de un buen redactor.

 No parece sin embargo que esta ofensiva radical orientada a demostrar que las virtudes morales son un recurso escaso en filas oficialistas, pueda incidir significati­vamente en la conciencia ciudadana. Ciertas o no, las imputaciones de la UCR nos hacen pensar en aquellas que se lanzaron en San Pablo contra la candidatura de Adhemar de Barros a la gobernación de ese estado brasileño. El así combatido ganó con la consigna “robo, pero hago”.

 El electorado neuquino medio carece, al menos en esta época, de vocación bastante para recoger propuestas de cambios indefinidos como la que formula el radicalismo. Contra eso, la oferta de hechos formulada por el MPN viene a manos de una firma conocida en la plaza. Bien dice el refrán que más vale pájaro en mano que cien volando.

 Lo de FERTINEU es, en tal sentido, una espina clavada en la entraña radical, como todo lo relacionado con la energía. Seis días después del comicio se cumplirán tres años de aquel “ahora FERTINEU” que ha quedado como una promesa incumplida, sólo útil para que el justicialista Aldo Duzdevich pusiera un toque de humor en una campaña signada por la monotonía.

La fuerza y e! coraje

 Las encuestas colocan a Oscar Massei en el tercer lugar. Si lo logra será un éxito para un partido que todavía no cumplió el año de vida. Pero el candidato frentista tampoco ha logrado desplegar un proyecto convincente frente al del oficialismo.

 Aunque, notoriamente, los recursos estuvieron muy por debajo de los volcados a la campaña por el MPN y la UCR “El frente” logró entrar en los medios masivos, pero el mensaje careció de elementos diferenciadores. La fuerza de El Frente y el coraje de Massei es una frase que, como otras que marchan sobre el subconsciente ciudadano, no se distingue sustancialmente del “todo va mejor” de una bebida gaseosa.

 Aun así, se pueden rescatar en el masseismo las apelaciones a la dignidad, a la ética, a la nueva forma de hacer política, porque se corresponden con los hechos.

 Todo cuanto se diga de eso desde las filas de El Frente es más verosímil, porque viene de gente que sacrificó las posibilidades de acumular votos que ofrecía la permanencia en el PJ a cambio de una mayor identidad entre el pensamiento y la práctica.

 El justicialismo quedó mortalmente herido en la crisis desatada por la salida de Massei y sus partidarios. No obstante, tiene algunos candidatos que pueden recibir más adhesiones que el partido, siempre que sus simpatizantes se decidan a practicar el difícil arte de cortar boletas. Entre ellos están Oscar Parrilli postulado para intendente de la capital, Daniel Baum en Cutral Có, y a la vez el mismo Duzdevich, candidato a diputado nacional.

 La izquierda, en fin, camina por un sendero cada vez más accidentado, con el riesgo de perder la personería electoral. Roto el Frepu, al MAS va solo y el partido Comunista se alió al Humanista en un acuerdo que no parece duradero. El partido Obrero sigue solo como el hombre de Scalabrini Ortiz, y aspira a mantener la mayoría que logró en 1985 sobre los otros dos.

 Diario Río Negro, 30 de agosto de 1987.

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