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Rebelión militar

 Masiva movilización popular en defensa de la democracia

 

Se rebeló un oficial de las fuerzas armadas, el mayor Ernesto Barreiro, así como sus camaradas del Regimiento XIV, aerotransportado del III Cuerpo de Ejército con asiento en Córdoba. Barreiro se negó a comparecer ante la justicia civil para responder en una causa por la represión ilegal practicada durante la dictadura militar. Entre tanto, los militares se acuartelaron y expresaron que sólo se trataba de terminar con los juicios al personal militar que asistió en la represión antisubversiva.

 En Neuquén, aproximadamente cinco mil personas se movilizaron respondiendo a la convocatoria del Vicegobernador ingeniero Horacio Forni a cargo del Poder Ejecutivo. En Capital Federal, el Gobernador Felipe Sapag expresó al Presidente Alfonsín la total solidaridad del pueblo neuquino.

 Alfonsín pronunció un mensaje en el Congreso nacional donde enfatizó que no está dispuesto a aceptar ningún tipo de presiones.

 Neuquén manifestó su apoyo a la democracia. Una multitud marchó por las calles de la ciudad para expresar su unánime repudio a la situación desatada en Córdoba.

 Trascendental reunión hubo en la Casa de Gobierno de Neuquén. Líderes políticos de todas las orientaciones, que desde hace mucho tiempo no se reunían, emitieron un documento de repudio a la actitud de insubordinación militar.

 El Diario, 16 de abril de 1987.

Se agotaron las instancias de una solución pacífica. Así lo señaló la plana mayor del III Cuerpo de Ejército e indicó que todo militar convocado por la justicia civil adoptará la misma actitud de Barreiro. Tales exigencias fueron trasmitidas al gobierno a través del arzobispo de Córdoba, Raúl Primatesta.

 En reunión especial en el Congreso nacional, el Presidente Alfonsín expresó que no hará ningún tipo de concesión y que los hechos ocurridos en Córdoba responden a una actitud meditada de un grupo de militares. Aseguró que el gobierno no cederá.

 Gruesas columnas convergieron masivamente frente al Congreso nacional, para manifestar su repudio al golpe militar y expresar el apoyo a las instituciones de la democracia.

 El Diario, 17 de abril de 1987.

Se rindieron los insurrectos del III Cuerpo de Ejército en Córdoba y quedó normalizada la situación, luego de que los militares sublevados depusieron su actitud de rebeldía.

 El teniente coronel Rico se solidarizó con la causa de Barreiro y se hizo cargo de la Escuela de Infantería de Campo de Mayo. Se supo que unos 140 oficiales de graduación intermedia se encuentran acantonados. Rico expresó: “estamos acuartelados y tenemos una fuerza importante y estamos dispuestos a resistir si somos atacados”.

 Tropas leales del II Cuerpo de Ejército sitiaron anoche la sublevada Escuela de Infantería de Campo de Mayo.

 Una muchedumbre rodeaba las afueras de la Escuela de Infantería. La multitud, lejos de amedrentarse, amenazó con ingresar a la guarnición militar. Los militares “caras pintadas” posicionaron un tanque de guerra que dirigió su cañón hacia el millar de manifestantes, periodistas y fotógrafos.

 El Diario, 18 de abril de 1987.

El gobierno convoca a la civilidad para defender la democracia. Trócoli mantuvo ayer una reunión con los partidos políticos a quienes reclamó convocar a la movilización popular.

 Neuquén vuelve a movilizarse en apoyo a la democracia. Sapag llega en horas de la mañana para participar en la movilización convocada para la defensa de la democracia, hoy a las 11 hs. en el monumento al General San Martín.

Alfonsín conjuró la crisis (*)

 Ante más de trescientas mil personas reunidas en la Plaza de Mayo, en una jornada histórica, Alfonsín anunció que iría personalmente a Campo de Mayo a intimar la rendición de los sediciosos.

 “Espérenme aquí, que dentro de un rato, si Dios quiere, vendré con la solución”.

 Tres horas después Alfonsín retornó y desde el balcón anunció que los hombres amotinados habían depuesto su actitud y que serían detenidos y sometidos a la justicia. “Se trata de un conjunto de hombres, algunos héroes de las Malvinas, que tomaron una posición equivocada. La casa está en orden y no hay sangre en la Argentina. ¡Felices Pascuas!”.

 El Diario, 19 de abril de 1987.

(*) Nota: El punto final primero y la obediencia debida luego, dejaron el sabor amargo de la impunidad frente a los crímenes aberrantes cometidos y la justicia no pudo aplicar el castigo merecido para que “nunca más se repitan esas atrocidades”.